Parece paradójico que la crisis esté arrastrando en las encuestas y en los resultados a los partidos de izquierdas mayoritariamente y a algún gobierno de derechas. Tras la caída de las bolsas, cierres y quiebras de bancos, compañías de inversión, inmobiliarias, multinacionales del automóvil..., el análisis parecía claro. O al menos los culpables se circunscribían al conjunto de los devotos de la llamada "ingeniería financiera". Analistas de todo pelaje e ideología, ponían el dedo en la llaga y resumían el problema como una combinación de apuestas financieras de alto riesgo, propiciados por la desregularización de mercados, y falta de control de los organismos pertinentes.
Estos elementos junto con la avaricia, o pongamoslo de otra forma el legitimo anhelo de hacer más dinero por parte de unas elites, y enmascarado con un crecimiento continuado de las economías de los principales del mundo. Permitieron que la burbuja financiera e inmobiliaria (caso de España, USA y algún otro país) se hinchara, sin que nadie supiera cuando iba a estallar. Por otro lado, analistas del fondo monetario internacional, si que creían que al menos en el caso español la burbuja inmobiliaria iba a estallar, aunque no predecían cuando. Pero exceptuando unos pocos, todo el mundo (bancos y cajas), apuraron esperando que el acontecimiento no les pillara los dedos y así poder obtener el máximo beneficio, con la esperanza de que hubiera alguna señal que les avisara cuando parar. Con la inestimable colaboración de empresas de tasación y de muchos ciudadanos que creían que sus casas se iban a revalorizar eternamente y que se metieron en hipotecas descabelladas. Aunque estos últimos, son los más inocentes de la película.
Nada más comenzar la crisis todos los gurus, agencias de ratting, FMI, y todo aquel que tenía voz a nivel nacional o internacional. Reconocieron el error en sus cálculos, y que no lo habían visto venir. Y rápidamente propusieron, pidieron y casi exigieron, el rescate de la economía a los gobiernos de los respectivos países. Rescate de bancos, agencias de inversión, empresas automovilísticas, constructoras, ... El problema es que el rescate no lo tenía que hacer la empresa privada, ni siquiera la famosa mano invisible del mercado que todo lo arregla. El rescate tenía que venir de los gobiernos, es decir de los ciudadanos con sus impuestos. Ciudadanos que nunca se beneficiaron de los exhorbitantes beneficios que durante los años de bonanza se repartieron entre las citadas elites.
Aunque si es cierto que el periodo de crecimiento propicio un aumento de los puestos de trabajo que repercutió en beneficio de la gran mayoría. Al mismo tiempo la brecha entre las rentas medias y bajas y las rentas más altas se hizo en esos años mas grande que nunca en los países occidentales. Acercandose poco a poco a la situación, de países emergentes donde unos pocos tienen mucho dinero y la clase media se encuentra muchos escalones por debajo. Brecha que coincidió con reducciones fiscales en los pagos a las rentas mas altas, y la aparición de productos financieros que permitían eludir el pago de impuestos a la minoría mas favorecida. De tal forma que la retención y el porcentaje de impuestos pagados por unos pocos sobre sus ingresos, era y es considerablemente inferior al pagado por el común de los trabajadores.
Pasado el momento álgido de la crisis, y rescatadas las principales empresas y bancos (aunque cayeron unos cuantos en todo el mundo). El mercado, ese ente abstracto movido únicamente por el beneficio económico, como es evidente y así debe ser. Empezó a reclamar de nuevo que le dejarán en paz, y que era muy capaz de regularse por su cuenta y por supuesto mucho mas eficaz que cualquier gobierno. Y al menos una cosa ha quedado clara, que es mucho mas eficaz a la hora de defender sus intereses que los gobiernos. De tal forma que en esta crisis se han socializado las perdidas, pero no los beneficios cuando los había. Y así saldadas las deudas o una vez que se ha medio estabilizado la situación, el mercado ha pasado al contrataque. Pidiendo reducciones en los impuestos (impuestos que se han comido ellos en el rescate), reducción de derechos laborales (los mismos que les permitían obtener beneficios hace tres años), y culpar a los gobiernos, y por extensión a los funcionarios y a todo lo que huela a público.
Es obvio que las torpezas, dudas y falta de reflejos a la hora de reconocer que estabamos en medio de una crisis (no hay nada peor que mirar a otro lado), tienen que pasar factura al gobierno. Pero de ahí, a culpabilizar a los gobiernos por la crisis y sus consecuencias hay un trecho muy grande. Los responsables son otros, y las medidas a tomar deberían ser las destinadas a atajar las conductas que causaron la crisis y no el recorte de derechos a los paganos de este desastre.
Tampoco es coherente la critica unánime por parte de los economistas mas liberales (en el sentido económico) a los gobiernos, por las políticas que se están realizando. En USA la idea es aumentar la inversión del estado, para que sirva de estimulo. Mientras que en Europa se ataca el déficit reduciendo la inversión y el gasto público. Lo que prueba que en economía todo es defendible y criticable de igual forma y existen tantas teorías como economistas. Y que son buenos explicando el porque de las cosas pero poco más. En realidad, lo que parece desde mi punto de vista, que dichas criticas no dejan de ser una cortina de humo para que se desvíe la mirada sobre los verdaderos responsables de tal forma que no se tomen medidas.
No quiero exonerar a los gobiernos, de su responsabilidad por mirar a otro lado "laissez faire, laissez passer", aunque en tiempos de vacas gordas, resulta tentador no tocar nada, no vaya a ser que el reloj deje de funcionar. Llegado el momento de la crisis, parece que los ciudadanos tenemos derecho a exigir una mano firme y que se tomen decisiones con rapidez e inteligencia.
No hubo rapidez en España, ya que existía un superávit logrado en los dos años anteriores que daba un colchón de tiempo, y la tasa de empleo era la mas baja de la historia justo antes de la crisis. Eso hizo que el gobierno esperara a que fuera nada mas que una tormenta de verano, y confío en la economía se recuperara o el bache fuera absorbido por dicho colchón. Y posteriormente se apostó a que la salida de la crisis de otros países de nuestro entorno nos arrastraría.
Tampoco hubo inteligencia porque comenzada la crisis, no se valoro su alcance ni su duración. Y lo que es peor, públicamente se negó la existencia de la misma. Y luego se transmitieron de manera penosa todas las actuaciones realizadas para paliar los efectos de la misma.
Como consecuencia de ello, el gobierno ha entrado en un descrédito tal que ha permitido que la agenda fuera marcada por los mercados, lobbys de inversión y las circunstancias. Sin que pudiera dirigir sus esfuerzos a tomar las medidas necesarias para evitar futuros desastres. Esto no es exclusivo de España, puesto que han desaparecido de las agendas de todos los gobiernos occidentales todas las propuestas reguladoras de los mercados, paraísos fiscales, etc. De tal forma que mas que gobiernos, se han convertido en apaga fuegos y rehenes de una situación que hipoteca cualquier decisión.